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Antonio
Chenel Albadalejo nació en Madrid en el año 32. Hijo de
monosabio, descubre el mundo de los toros cuando le llevan a
vivir a la plaza de las Ventas, donde su cuñado Paco es el
mayoral. Su vida llena de altibajos, está marcada por dos
puertas opuestas, la del infierno y la de la gloria. Él es un
hombre con casta, amante por encima de todo del toro. Treinta y
tantas fracturas de huesos, varias cornadas, faenas para la historia
y torero de toreros, estas son sus referencias.
Vive
en una finca pequeña de la sierra de Madrid, entre cabezas de
toros, recuerdos, varios caballos, perros, gatos y tabaco por
arrobas.
Dos
personas han marcado su vida, de un lado su padre D. Francisco
Chenel, el Tío Paquillo para los amigos, (del que
aprendió
el gusto por vestirse muy despacio: Un rito cada tarde de toros, y
que fue uno de los monosabios históricos de la plaza de
las Ventas), tenía una enorme afición a los toros y
según recuerda Antoñete era la solución para ver
gratis las corridas, aunque en realidad trabajaba en la
fábrica
de la moneda.
La
otra persona, su cuñado Paco Parejo, casado con su hermana
Carmen. De él aprendió todo lo que sabe de toros. Paco
se había criado entre toros y conocía todos los
secretos de la fiesta. Pasaba las horas en los corrales de la plaza
estudiando las reacciones del toro con el que llegó a tener
una compenetración total, de modo que sabía de
antemano, casi al cien por cien, qué juego iban a dar. La
esencia del toro está en su mirada, son como las personas. Hay
toros con mirada de buenos, de estar predispuestos a que los torees a
gusto.
_”Mi
cuñado fue duro conmigo desde el principio hasta el
final. Jamás me dio cuartelillo. Y yo se lo agradezco
porque me dio siempre el consejo necesario para no equivocarme, para
no venirme arriba sin fundamento, para no descarriarme.
Antonio
se escapaba a las capeas de Arganda del Rey, Torrejón, y
Vicálvaro. En ellas pegó sus primeros muletazos. Su
cuñado que se enteró de estas escapadas decidió
ponerlo en Madrid en la parte seria del bombero torero, en el verano
del 46 y le dio su primer consejo a la hora de entrar a matar: Baja
la mano izquierda y mira al morrillo, no se te ocurra mirar a los
pitones y entra muy derecho. A partir de ahí, su cuñado
siempre en la sombra le echaba una mano.
Paco
siempre fue crítico con Antonio, incluso en las tardes buenas
en las que conseguía cortar dos orejas en Madrid, siempre le
decía:
_
“ Tú no eres torero de plata y bronce, en tu toreo hay oro.”
Los
muletazos de oro son muletazos completos y buenos de verdad.
Aquellos en que se coge el toro ahí delante y para ello hay
que adelantar la muleta, aguantar la embestida, embarcarla, mandar en
ella, templarla llevando al toro para rematarla abajo y
atrás.
Por
eso, cada vez que en el centro del ruedo daba distancia a un
toro, le colocaba la muleta por delante, planchá y dispuesta,
estaba haciendo el toreo de oro que le exigía su cuñado;
y el que le dio fama de torero grande y de maestro.
Ahora
dice Antoñete: “ Él me enseñó a ver los
toros y me obligó a hacer el buen toreo. Pero me hizo llorar
hasta teniendo cincuenta y muchos años. Era el único
que podía conmigo y se lo agradeceré eternamente.
Paco
Parejo murió hace pocos años. En octubre de 1995
Antoñete toreó un festival en Madrid, estrenó un
traje corto de luto riguroso y brindó en el centro del ruedo a
la memoria de Paco. Toreó y triunfó. Y en la faena de
muleta exageró más que nunca, al echar la muleta
adelante y colocársela plana y provocadora al
toro. La afición de las Ventas se reencontraba con el
sentimiento, el toreo clásico, el toreo eterno. Va por ti
Paco.
Algunas
de las frases célebres de Antoñete que definen su
sabio entender de toros, son las siguientes:
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“
Cargar la
suerte es
cambiar el toreo lineal por la hondura y la profundidad, al cargar el
cuerpo sobre la pierna contraria”.
“
La
distancia es
fundamental, entre otras cosas, para que surja la belleza de la
arrancada del toro y la repetición de la embestida”.
“
Se torea
como se es.
Por eso, el toro delata a los malos toreros y a los impostores”.
“
Torear,
amar, fumar,
jugar y beber son los cinco pecados capitales que se han permitido
las grandes figuras del toreo en toda su historia".
“
La
cornada de una
mujer, cuando estás entregado, no hay cirujano que la cure”.
“
La
ligazón es
la rima del verso torero”.
“
La
colocación
es imprescindible. En el toro y en la vida. Hasta para tomarse una
cerveza en la barra de un bar conviene estar bien colocado”.
“
Se torea
más
bonito que nunca y el toro de hoy es más noble que nunca. Eso
no quiere decir que se toree mejor que nunca, ni que el toro sea
más
bravo que nunca”.
“
El torero
es de
arriba abajo y de delante atrás”.
ANTONIO
ORTIZ MARTÍNEZ
Veterinario
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