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EDICIÓN NÚMERO V
Existen
varios motivos
para que personas que amamos este arte del toreo veamos un cierto
peligro. Por desgracia hay varios motivos que amenazan la fiesta
nacional con el mismo ahínco que una plaga de langostas acecha
a un campo de cultivo.
El primer factor, es el
cambio de clima, yo a mis cincuenta años no recuerdo
diferencias tan grandes entre estaciones, estos fríos, largos
y gélidos de inviernos en contraste con los calurosos, secos y
cortos veranos, hacen de las tierras de cultivo y pasto un
hábitat
hostil y desolador, que difícilmente ayudará a crear
toros de calidad y respeto, para disfrutar y valorar el placer del
toreo.
Un segundo punto de vista
negativo, será las difíciles epidemias y enfermedades
que cada vez más afectan a nuestras bravas reses; una vez
pasada la epidemia de las “vacas locas”, ahora nos enfrentamos a
la “lengua azul”, epidemia ganadera que amenaza real y seriamente
al mundo del toreo.
El tercer frente de
enfrentamiento lo proponen los propios profesionales del toreo.
Ganaderos que llegan a las plazas de “menos categoría” con
toros que a veces se pasan y otras, casi siempre, no llegan; mal
presentados, mal de fuerza, de nobleza y de casta. Toreros que se
dedican a cumplir, y a cubrir expediente sin esforzarse y contribuir
al espectáculo. Empresarios que imponen precios abusivos para
solamente enriquecerse haciendo que el aficionado realice verdaderos
esfuerzos para más tarde encontrarse con pantomimas y falsas.
¡Señores,
los buenos toros no solo los merecen los sevillanos y
madrileños,
todos somos ciudadanos, se supone, de igual categoría!
El cuarto rival de la “fiesta”, son
las nuevas tecnologías. Internet, los mensajes sms, los
móviles en general y los teletextos. Estos medios no pueden
suplir el olor a toros; a un buen puro habano, a un esplendido
mantón
de Manila, a sangre de un noble y fuerte animal que ha prestado su
nobleza y bravura a cambio de su libertad y su casta, a un fabuloso
ramo de flores, a gentío emocionado, a zagales impacientes, a
mujeres fervientes y enamoradas, a mayores expertos y jóvenes
novatos, a pan tierno, a vino de la bota, a modernos refrescos y
embutidos con jamones serranos. La tecnología ayuda a la
fiesta en su justa medida, haciendo más fáciles los
accesos a la información, pero nunca se verá una
verónica, ni una estocada, o simplemente un buen tercio de
banderillas en el monitor de un ordenador, como lo veremos en un
tendido, por que si algo tienen los toros, es tradición, arte
y cultura española que es parte de nuestro legado, patrimonio
y herencia cultural.
Por último,
destacar, que pese a mi desolación algunas ciudades, como
Barcelona, incomprensiblemente se han declarado “antitaurinas”,
término que me eriza el bello y me hace sentirme triste y
apenado. No comprendo como por razones políticas se puede
llegar a ese estado pasando por alto tardes mágicas, con
fervor, tradición, arte, sentimiento y pasión de
grandes maestros del toreo como “Manolete”, “Joselito”,
“Paquirri”, “Ortega Cano” y otros tantísimos que han
hecho de esa gran plaza catalana una de las mejores de ese
espectáculo tan español.
En resumen, en contra de
la ferviente y fabulosa afición que actualmente algunos
presumen, yo difiero con mi experiencia, creyendo de alguna manera
que nos espera una época de dolorosa crisis y abstinencia,
Dios quiera que sea corta y escasa, y que me equivoque para que
pronto luzca el arte del toreo con todo su esplendor y me vuelva a
hacer tan feliz como soy en cualquier plaza de España, sea en
“mi provincia de Granada” o en la taurina, aunque algunos/as
crean y se empeñen en hacernos ver lo contrario, Cataluña.
ANTONIO GALLARDO POLAINO
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