| POESÍA A ANTONIO ORDÓÑEZ |
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Al hablar de este torero me queda la sensación, que por mucho que yo escriba siempre me falta un renglón.
El arte que atesoraba de su padre lo heredó, y en los ruedos de las plazas con gallardía lo derrochó.
Su padre lo tuvo todo y todo lo despreció. El hijo que fue un torero de arte y pundonor, con los infundíos toreros que solo regala Dios.
Acaparó de las gentes el cariño y la emoción del público que se entrega cuando ve que hay un torero de verdad y de corazón.
Su capote fue profundo valiente y dominador artista donde los haya y rezumando esplendor.
No hubo un torero en su época que a el se pueda comparar, ni en personalidad profunda ni en su manera de andar.
Con muleta fue tan grande que rozó la perfección, y por eso en los tendidos provocaba la emoción.
Si Sevilla está orgullosa de Curro “Puya” y Belmonte de José y de Rafael tu también dejaste arte para el que quiera aprender.
MIGUEL FERNÁNDEZ LAPAZ
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